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Cigarette smoke in your eyes # {Lily D. Railey}

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Cigarette smoke in your eyes # {Lily D. Railey}

Mensaje por Abbey M. Holland el Mar Jul 03, 2012 1:02 am

Abbey se revolvió en la cama una y otra vez. Tres de la mañana y aún no podía conciliar el sueño. Tenía que despertar temprano a la mañana siguiente para ir al estudio de grabación, Barry era puntual y esperaba lo mismo de su parte. Escuchaba los ronquidos de los chicos incluso con la puerta cerrada, ellos eran capaces de dormir como si acabaran de desmayarse, envidiaba eso. Con suerte lograba obtener más de tres horas de sueño ininterrumpido. Se acomodó boca arriba, con los ojos alertas clavados en el techo. Empujó con las piernas la única sábana que la cubría, aquella noche era especialmente calurosa, pero estaba acostumbrada al clima de Los Ángeles. Desvió la mirada al reloj en su pared, el cual estaba tenuemente iluminado por las luces de la calle que se filtraban a través de la persiana. Tan sólo habían pasado seis minutos desde la última vez que lo había mirado, pero para ella habían pasado horas. Finalmente se rindió, resignándose ante el hecho de que no habría manera alguna de conciliar el sueño esa noche.

Se levantó a regañadientes y rebuscó entre la ropa que tenía tirada en el suelo, tomando unos shorts de jean algo rotos y una playera de NOFX y salió de su habitación. Se acercó a la puerta de la habitación de Zack, con intención de hacerle una visita nocturna, pero prefirió no hacerlo, temiendo a que detrás de esa puerta se encontrara la zorra con la cual estaba saliendo, a la cual no quería nombrar siquiera. Analizó sus opciones, ¿qué podía hacer en el apartamento que no despertara a sus niños, como le gustaba llamarlos? La respuesta fue rápida y fácil, nada. Por lo que tomó una caja de cigarros y el iPod que se encontraban en la mesa, se colocó los auriculares y sin siquiera detenerse a colocarse un par de zapatos, salió de su hogar y del edificio más rápido que la luz. Prendió el aparato y enseguida la canción Scars de Papa Roach comenzó a sonar a todo volumen. Sonrió, mientras vagaba descalza por las calles de la ciudad, con cuidado de no pisar ningún vidrio. Pasó por frente a los clubes y bares, los cuales se encontraban abarrotados como todas las noches, saludó a un par de personas con una sonrisa pero realmente no tenía ningún tipo de deseos de salir de fiesta en ese momento.

Sus pies la guiaban, la música marcaba el ritmo y la velocidad. Ella se dedicaba a disfrutar del las melodías, la soledad y la tranquilidad. Pasó un rato vagando antes de darse cuenta de a dónde quería dirigirse realmente, la playa. Nada la calmaba más que una caminata tranquila por Sunset beach. Aceleró el paso hasta allí, aunque tan sólo se encontraba a unas cuadras.

Al llegar a la costa, no le sorprendió ver un gran fogón prendido. Habían bastantes personas alrededor de él, bebiendo, riendo, escuchó algunas guitarras sonando pero prefirió mantenerse alejada. Saludó con la mano a algunos que la reconocieron y siguió su camino, esta vez por la playa. Dejó que la arena se filtrara entre sus dedos, apagó su iPod para poder disfrutar del dulce sonido de las olas rompiendo en la orilla, cerrando los ojos de vez en cuando para poder sentir cómo la cálida brisa oceánica acariciaba su rostro. Comenzó a tararear una canción por lo bajo, sintiéndose instantáneamente mucho más relajada. Había algo mágico en la playa, algo que la apaciguaba, que despejaba su mente. Y la soledad, la soledad siempre la ayudaba. Estaba acostumbrada a estar rodeada de personas, le encantaba, pero todos en algún momento necesitan un momento de desconexión, a veces ella necesitaba alejarse un poco del mundo para volver recargada. Tenía un gran peso en los hombros, todas las cosas que escondía bajo sus sonrisas eran difíciles de ignorar, por lo que siempre necesitaba un momento a solas con sus pensamientos, con sus fantasmas, con su dolor.

No sabía cuánto había recorrido, pero sus piernas comenzaron lentamente a cansarse, por lo que decidió sentarse sobre la arena en posición de loto. Llevó su mirada hacia el agua, observó la espuma que dejaban las olas atrás al romper, inspiró hondo y finalmente dejó que sus sentimientos se revolucionaran dentro de ella. Una primera lágrima se derramó, la cual ni siquiera quiso limpiar. Sacó la caja de cigarros de su bolsillo y el encendedor, se llevó uno a la boca y lo prendió, llenando sus pulmones de nicotina.

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Abbey M. Holland

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Re: Cigarette smoke in your eyes # {Lily D. Railey}

Mensaje por Lily D. Railey el Jue Jul 05, 2012 2:57 am

Esa noche era mía. Esa noche no pensaba estar en casa para aguardar la llegada de mamá, ni pensaba limpiar el vómito de la cocina, ese que seguro me encontraría al volver.
Me fui de casa pitando un tabaco que había encontrado en mi habitación, apagado en la ventana. Seguro era de ayer. El humo entraba húmedo hasta mis pulmones y me dejaba una sensación extraña. Le dí dos caladas más y lo tiré en la calle. Después lo pisé como si se me fuese la vida en ello. Con ganas, con fuerza. Lo más cómodo de fumar cigarrillos armados era no tener que preocuparme por el filtro. ¿Lo mejor? El bajo nivel de dependencia. No tenía tiempo para otra droga que no fuese el mar y tampoco quería perder tiempo con ella. Fumaba tabaco de vez en cuando y siempre cuando tenía ganas. Procuraba que el impulso no me guiara a mí, no pretendía estar automatizada.
Me desvié unas calles para pasar por el minimercado de la 9na y comprar cerveza. Todavía tenía 20 años pero uno de los chicos de la playa me había hecho un documento falso, a cambio de unos anti depresivos que le había robado a mamá cuando estaba lo suficientemente mal para darse cuenta que le faltaban pastillas. Me encaminé lentamente hasta la playa, aunque era un poco temprano. Como las últimas noches, la mayoría de los chicos de mi edad se juntaba en las playas y armaba fogones y botellones. Parecían fiestas todos los días. No estaba mal. Incluso si no tenías interés de hacer ningún tipo de actividad social.

Abrí la lata de cerveza. La espuma me salpicó la muñeca y en vez de secarme, me pasé la lengua sin problemas. La cerveza estaba perfectamente fría y, para qué mentir, el primer trago me sacó una sonrisa. El calor de Los Ángeles podía ser mortal si no estabas acostumbrado, y ahí estaba yo, caminando a media noche en shorts blancos de jean y una camiseta de tirantes vieja y estirada. No me importaba nada, lo único que quería era hundir mis pies en la arena... y que mamá se ahogase en su propio vomito.
Las ojotas golpeaban al pavimento húmedo de calor. Cada tanto me cruzaba con pequeños grupos de gente, con sus tragos, los cuales me alzaban de manera amistosa. Les devolví el gesto mientras tenía la primera cerveza en la mano, y al abrir la segunda mis sentidos empezaban a distorsionarse. La sed que me daba el calor me hacía tomar la cerveza más rápido y ahí iba yo; sola y cuatro latas más.

El susurro del mar fue lo primero que me despertó el oído, me sentía ligeramente contenta y la mandíbula la tenía extrañamente floja. Sonreí sin siquiera pensarlo y me saqué las ojotas para caminar tranquila sobre la arena. Los rostros me sonaban conocidos, aunque no podía reconocer a nadie. Sin mucho más que hacer, me senté en la arena y terminé la lata de cerveza. Dejé caer mi espalda sobre la superficie que tanto me gustaba y apareció uno de los surfers que había conocido esa misma tarde. Habían pasado el día entero en sunset beach y, a las cuatro de la mañana, partían hacia alguna ciudad más al sur de los Estados Unidos. Le convidé una de mis cuatro cervezas restantes y supuse que entonces debía también abrir una para mi. Lo hice.
A partir de ahí, la noche se pasó muy rápido. Las cervezas siguieron pasando enfrente mío y antes de darme cuenta me encontré sobre él, besándolo como si fuese mi último día sobre la tierra. Me alejé shockeada, brusca y sin piedad. El chico intentó retenereme pero me zafé de su agarre y sin querer le golpeé una pierna. Se enojó y me empujó, casi tirándome al suelo. Le grité que era un imbécil y me trató de puta. Di una patada al aire, levantando la arena y volvió a putearme. Volví a gritarle. Se acercó con aires violentos y sus amigos intentaron retenerlo, pero su brazo logró empujarme y caí a centímetros de alguien que conocía, pero que no reconocí. El se rió de mi, y sus amigos lo contuvieron para que no volviera a acercarseme.

Yo tenía una lata de cerveza casi vacía en la mano, me había lastimado pero no había dejado caer la lata, lo cual hablaba mucho de mi. Y mal. Los chicos estaban levantando sus cosas para irse, sin siquiera mirarme, y yo me había quedado tirada en la arena, sin putas fuerzas para levantar mi culo. Simplemente no tenía ganas de hacerlo. Suspiré y el humo nicotinoso de un cigarrillo cercano me dieron ganas de fumar. Hice un esfuerzo para levantar la cabeza cual suricata, buscando a alguien que me pudiera convidar un cigarrillo. Y la encontré. Ignoré en el momento si ella había presenciado la escena o no. La verdad, no me importaba en lo más mínimo.

-¡Eh, Abby! - dije, como si acaso la conociera de toda la vida - ¿No tienes un cigarrillo para convidarme? - hice un gesto de llevarme el cigarrillo a la boca por si no entendía mis palabras.
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Lily D. Railey

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